La metamorfosis

Un día, parado  frente a mi puerta, vi llegar al amor, se acercó a mí, sonriendo, coqueteando. Era un ser extraño. Su presencia fuerte y poderosa me desconcertó, quise ver su rostro pero tenía muchos rostros. Era hermoso, pero desagradable al mismo tiempo, dulce y amargo, placentero y doloroso, inquietante, capaz de sanar o hacer mucho daño, capaz de llevarme al éxtasis de mis sentidos, al más elevado y puro de mis estados de ánimo, para luego dejarme caer en la más negra, dolorosa e inaguantable de mis desdichas. Le di la espalda, cerré mi puerta, temeroso de él. Aquella tarde regué con lágrimas esa tierra dura y reseca que soy yo mismo, estaba cansado, como después de un largo viaje, me sentía ultrajado por dentro, marcado con grandes cicatrices, marchito, deshojado. Y dormí por largo tiempo, dormí con un sueño quieto, tedioso, monótono, un sueño sin vida; fueron días, semanas, años. Pero ahí dentro de mí, soterradas, esperando, secas, latentes, crecían cosas sin que yo me diera cuenta. Un día desperté de mí mismo. Pero en ese despertar ya no era yo, mi cuerpo ya no era el mismo, ni mi alma ni mi corazón. Habían despertado en mí cosas nuevas, cosas que nunca conocí antes, cosas que nunca imaginé que pudieran existir, sensaciones nuevas, diferentes, fuertes y maravillosas. Pude entonces ver la vida como nunca antes, sentí alegría, felicidad, paz, optimismo, todo mi cuerpo, mi mente, mis sentidos se habían llenado de alguien, sentí otro corazón latiendo en mi piel, un calor, un olor que no eran  míos, te habías metido en mí, habías abrazado, penetrado todo en mí. La larva del amor había florecido, germinado en mí. Sentí la dulzura de tu alma en la mía. Sentí por fin un amor habitando en mí, un amor pleno corriendo por mis venas, llenando todo con su belleza y su perfume; todo en mí estaba cubierto de ti, de tu amor. Y entonces me sentí feliz, por fin entendí que la razón de ser de mi existencia es pertenecer a alguien, pertenecerte a ti, amor. Y ahora vuelvo a dormir, pero contigo amor, soñando los dos un sueño compartido, un sueño del que no quiero despertar y me dejo llevar por ti, quiero quedarme ahí contigo en un abrazo feliz, eterno, infinito.

Published in: on 12 mayo, 2010 at 12:16 am  Dejar un comentario  
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