Bella y lejana

Te encuentro deslumbrante, ahí sentada, mirándome, hablándome, sonriendo, totalmente concentrada en algo que no soy yo. Tu hermoso rostro, tu sonrisa, el brillo en tu pelo, tu figura, me sorprenden y maravillan al instante. Tu voz penetra en mis oídos, vibra en mi cabeza, me recorre como ondas en el agua y me llena con esa música que me hipnotiza, que me encanta. Ya no escucho lo que me dices, sólo te veo derramando toda tu belleza, veo tus labios rojos, carnosos, húmedos y tu sonrisa increíble, imposible, grandiosa. Y entonces, un ligero movimiento tuyo provoca lo inevitable, de repente tu olor me llega, así, despacio, suavemente, haciendo que aspire hondo para sentirlo, para atraparlo, para saborearlo. Tu olor, esa esencia fresca entra en mí y su mezcla se deshace en sensaciones intensas, provocadoras que me invaden y me alteran hasta dejarme intranquilo, nervioso, angustiado, sin defensa ante ti. Te veo y siento que tu piel me invita a acariciarla, a conocerla. En un momento nace la idea loca de tocarte, de sentir tu piel limpia, blanca y cálida. Pero me detiene la prudencia, el saber que estás tan lejos de mí, tan lejana e inalcanzable. En un segundo comprendo que tus ojos nunca tendrán ese brillo especial dirigido a mí, jamás veré esa chispa en tus ojos. Nunca seré importante para ti, ni necesario en tu vida. Nunca sentiré tu apego, tu conexión, esa necesidad, ese lazo que no se ve, que sólo se siente, ese algo que logra que dos personas estén juntas. Nunca la vida nos unirá. Nunca habrá entre tú y yo ese misterio ancestral, presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en cada ser humano, esa simple sensación, tan básica y compleja a la vez, tan emotiva, tan difícil de encontrar y de conservar, ese idioma secreto entre dos, ese pacto difícil de romper. Estamos tan cerca y tan lejos a la vez, somos solamente dos desconocidos, tristemente alejados uno del otro. Ya sólo espero impaciente que termine la charla para sentirte, para tocarte, para estrechar con fuerza tu mano en un apretón que signifique el rápido fin de un espejismo, de una maravillosa y pasajera ilusión, de ese momento de fantasía y ensueño que has provocado en mí, que me has regalado sin darte cuenta. Ya sólo quiero despedirme e irme triste, con la sensación de haber subido y bajado rápidamente, de haber sentido el vértigo y luego la dolorosa caída, sólo alejarme de ese pequeño tormento involuntario que me has dado hoy. Y guardar tu recuerdo en el rincón de las ilusiones, de los sueños no cumplidos.

Published in: on 12 diciembre, 2010 at 3:35 am  Dejar un comentario  
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